viernes, 21 de enero de 2011

Se llamaba Yolanda


Yolanda tenía cinco años cuando la conocí. Era la tercera de cuatro hermanas, hijas de una madre drogadicta y padres desconocidos. Vivían con su abuela y veían luces cada vez que su madre regresaba más o menos limpia a visitarlas. Yolanda, al igual que todas sus hermanas, tenía la boca deformada porque  no le quitaron el chupete (bobo) hasta los cuatro años.  Era físicamente incapaz de mantener los labios unidos y sus dientes ennegrecidos creaban una gran O cuando intentaba juntarlos.

Era una niña inquieta que disfrutaba de mirarse en el espejo y que apenas sabía hablar. No soportaba ver tranquilos a sus compañeros de colegio. Les quitaba sus lápices, dibujos, plastilina y juguetes con la única intensión de que no pudieran hacer nada. Era agresiva y desafiante. Cuando no lograba lo que deseaba golpeaba, tiraba, halaba sin importarle si golpeaba a sus compañeros o maestros. Nadie la quería tener cerca.

Yolanda llegaba al colegio sin desayunar, su cabello sucio, su ropa de tres días, su saliva cayendo gota a gota por el centro de su labio inferior. Aún así, lo más que me impactaba de esta niña era su mirada. La mirada de los niños siempre me ha llamado la atención porque tiene un brillo especial. Me gusta imaginar que es el brillo de la ilusión, de la esperanza, de la inocencia. He visto la mirada de niños en situaciones adversas y siempre les queda algo de brillo. Pero la de Yolanda no brillaba nada.

Parecía que le hubieran robado la ilusión al nacer. Tenía una mirada opaca como la de un adulto vencido y cansado de luchar con la vida. Era rebelde y violenta como a quien no le queda más que pelearse con todo lo que le rodea para sobrevivir. Sin embargo, no era una niña tonta, en el fondo sabía lo que hacía. Desafiaba a todos con sus movimientos bruscos, con sus ojos brujos. Era su forma de seguir viva, pero ella no sabía que había otras formas.

Hace meses que no sé nada de ella ni de sus hermanas, supongo que seguirán igual o peor. Era una situación difícil de resolver y ni siquiera era la única del estilo en su barrio o en su colegio. Espero que con el paso de los años Yolanda encuentre caminos más pacíficos y se aleje de toda la violencia que la rodea. Espero que algún día sus ojos vuelvan a brillar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario