sábado, 27 de noviembre de 2010

Crème Brûlée

Hablando de vueltas e idas, recién estoy de vuelta. Hace unas pocas semanas que he regresado a Puerto Rico después de vivir tres años en España. Los pasados meses fueron un caos. Viví entre mudanzas, cambios, decisiones, despedidas y viajes. Todavía estoy procesando muchas de esas volteretas de la vida que han culminado con mi regreso a casa. Ahora mi cabeza comienza a asentarse y a asimilar todo lo que ha pasado. Y es entonces cuando el mundo se ha decidido a hacerme una sola pregunta: ¿cómo te sientes?

¿Qué cómo me siento? Podría decir que bien. También podría añadir que contenta, mareada, confundida, ilusionada, triste, esperanzada, alegre y tantos otros adjetivos. Sin embargo la respuesta que viene a mi mente es: no tengo ni idea. La verdad es que no entiendo este repentino interés por saber cómo me siento. Cuando en verano estaba terminando una investigación y me preparaba a defenderla ante un jurado de doctores académicos alejados de la realidad actual, nadie me preguntó cómo me sentía. Cuando en octubre me casé en una ceremonia civil de cinco minutos en un pueblo perdido de Sevilla y me mudé un día después de ciudad, nadie me preguntó cómo me sentía. Cuando mi novio/esposo y yo decidimos mudarnos a Puerto Rico y dejar la cómoda vida sevillana, nadie me preguntó cómo me sentía. Sin embargo al llegar a la isla todos insisten en querer saberlo.

Pues ahora no tengo una respuesta razonable. Ahora comienzo a acostumbrarme a mi nueva habitación en la casa de mis padres. Mientras tanto espero la llegada de mi novio/esposo/compañero. Para entretenerme me hago una rutina de ejercicios y una de búsqueda de empleos. Y en los tiempos libres intento reacostumbrar mis rizos a la humedad extrema, reconectar con viejos amigos que han seguido caminos diversos y observar como se va formando una especie de dictadura  silenciosa que busca llevar a cabo su agenda política aunque tengan que rodar cabezas. Bueno, a fin de cuentas sí sé cómo me siento, es como si estuviera sobre la capa de azúcar caramelizada que tiene el crème brûlée.

Sí el crème brûlée, ese postre francés que tiene una capita de azúcar dura que tienes que romper con la cuchara para poder saborear una deliciosa crema dulce. Pues siento que en cualquier momento se romperá esa fina capa de azúcar que me tiene adormecida y caeré sobre esa masa viscosa y dulce que me embriagará. Al leer mis palabras veo que no tienen mucho sentido pero es así. La primera vez que probé el postre me gustó la idea de romper la capita de azúcar pero me sorprendió el sabor en el interior del envase.

Quizás es que estoy esperando que algo de mi vuelta a casa me sorprenda. Lo que sucede es que de repente parece como si estos tres años no hubieran pasado, como si todo hubiera estado detenido en el tiempo y nada hubiera cambiado. Pero eso es sólo la superficie. Muchas cosas han cambiado, mucha gente ha cambiado y ahora simplemente me siento deseosa de probar el sabor de los cambios.

3 comentarios:

  1. ¡Hola, Iliana!
    Casi nos encontramos...Estoy viviendo en Sevilla desde hace unos meses.
    ¡Me alegro de poderte leer!
    Embriagarse de cambios es fantástico aunque a veces duele un poco.
    ¡Suerte y besos!
    Daniela

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  2. La creme brulee esa es solo una burda imitación de la buenísima y suculenta CREMA CATALANA!!!

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  3. Jose Manuel... Se nota que no tienes NI LA MAS MINIMA IDEA sobre gastronomia... que comentario mas absurdo el que haces

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